Genética bacteriana.
La recombinación genética es el proceso
mediante el cual elementos genéticos
contenidos en genomas de diferentes
individuos se combinan, lo que permite que el
individuo lleve a cabo alguna nueva función y
que puede dar como resultado una adaptación a
los cambios en el medio ambiente.
Este es un evento evolutivo importante y las
células tienen mecanismos específicos que
aseguran que dicha recombinación se efectúe. A
diferencia de los eucariotas donde la
recombinación genética ocurre en asociación a
la reproducción sexual, en los procariotas
comprende una serie de mecanismos
independientes del evento de reproducción celular. Estos mecanismos son llamados
transformación, transducción y conjugación.
La transformación es el proceso por el cual
ciertas bacterias llamadas competentes son
capaces de incorporar ADN exógeno o extraño,
proveniente de otras bacterias, que se encuentra
libre en el medio.
La virulencia del Streptococcus pneumoniae
guarda relación con la presencia de cápsula
polisacarídica a su alrededor. Las bacterias con
cápsula tienen un aspecto liso (S) cuando se
cultivan en placas de agar y son capaces de
matar a los ratones que son inyectados
experimentalmente con una suspensión
bacteriana. Las colonias con bordes rugosos (R)
de S. pneumoniae, carecen de cápsula y no son
letales al infectar ratones. Frederick Griffith en
1928 observó por primera vez la transformación
cuando mezcló bacterias S muertas con
bacterias R vivas y encontró que al inyectar la
mezcla en ratones resultaba letal. De esto
concluyó que las R habían sido sustituídas o
"transformadas" en bacterias S, ahora capaces
de fabricar el polisacárido capsular virulento.
La capacidad de captar el ADN exógeno,
conservarlo en forma estable e interaccionar con
él se denomina competencia. La competencia
depende de la presencia de un sistema de
captación de ADN específico asociado a
membrana (Fig. 6).
Ejemplos de bacterias con competencia natural
son Haemóphilus influenzae, Neisseria sp.,
Streptococcus pneumoniae y ciertas especies de
Bacillus. Si bien la mayoría de las bacterias no
presentan capacidad natural para captar ADN,
es posible inducir en el laboratorio la
competencia, generando por distintos medios
distorsiones en la membrana celular, por
ejemplo mediante pulsos eléctricos
(electroporación) o mediante cambios osmóticos
y térmicos. Estos procedimientos son muy
utilizados para introducir experimentalmente
ADN extraño, por ejemplo un plásmido, en una
bacteria y así “transformarla” para que adquiera
un fenotipo de interés.
Las bacterias también pueden ser transformadas
con ADN viral, en cuyo caso el proceso se
llama transfección.
La transducción es la transferencia de ADN de
una bacteria a otra por intermedio de un
bacteriófago. Existen dos formas de
transducción la especializada y la generalizada.
La primera ocurre cuando un fago temperado
porta genes bacterianos adquiridos durante un
ciclo infeccioso anterior, y al infectar una nueva
bacteria e integrar su genoma al cromosoma
bacteriano, incorporará a éste la información
genética correspondiente a la bacteria infectada
previamente. La transducción generalizada es
llevada a cabo por partículas virales
defectuosas, que se originan como cápsides
vacías durante la replicación viral y que luego
incorporan ADN de una bacteria, así al infectar
una nueva bacteria podrá introducir en ella
dicho material genético.
La conjugación se basa en el intercambio
unidireccional de información genética desde
una bacteria donante a otra receptora mediante
un contacto real (Fig. 8). La conjugación se
produce en la mayoría de las eucariotas, entre
miembros de la misma especie, pero se ha
demostrado también entre procariotas y células
vegetales, animales y hongos.
Los plásmidos son los elementos genéticos que
con mayor frecuencia se transmiten de esta
forma. La capacidad de conjugación depende de
la presencia en la bacteria de plásmidos
conjugativos que contienen los genes necesarios
para tal proceso.
Un ejemplo muy conocido de plásmido
conjugativo lo constituye el plásmido F de E.
coli que codifica diversas proteínas necesarias
para la conjugación, incluyendo el pili sexual.
Esta es una estructura especializada esencial
para el contacto entra la bacteria donadora y la receptora. En general, los plásmidos
conjugadores solamente causan la transferencia
de su propio material genético pero en ocasiones
el plásmido puede integrarse al cromosoma
bacteriano y por tanto al momento de conjugar,
se transferirá no solo a sí mismo sino también a
los genes cromosómicos que se encuentran tras
él. Teóricamente todo el cromosoma podría ser
transferido, lo que requeriría más de 2 hs, pero
la unión entre las bacterias por medio del pili
persiste menos tiempo.
Las cepas bacterianas con el plásmido F tienen
una gran capacidad de recombinación por lo que
se denominan cepas hfr (high frecuency of
recombination). Debemos recordar que este es
un mecanismo muy efectivo para la
transferencia de genes de resistencia
antibióticos.
Fuente: Betancor, L. (S.F). GENETICA BACTERIANA. Recuperado de: http://higiene.edu.uy/cefa/Libro2002/Cap%2012.pdf


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